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| | 108 años | Ensayo de Antonio M. Battro | Los Di Yorio por Raul Silva | |
Queridos amigos:
Esta breve semblanza que me solicito la Dirección de Cultura con motivo del 108 aniversario, la escribí para ser leída en el mes de diciembre pasado.
Como el festejo fue diferido por razones climáticas y no te leyó más que un breve fragmento, se las hago llegar como un vivo testimonio de mi valoración y la de mis seres queridos hacia ustedes y todos los que los antecedieron.
Los felicito y les deseo lo mejor para la continuidad de este bien material, afectivo y espiritual de Los Cardales.
Con un abrazo fraterno.
Luis
Los Di Yorio
Estamos festejando el centenario del único lugar comercial que en nuestro pueblo tiene continuidad a lo largo de tanto tiempo: El Bar Di Yorio.
Una valiosa historia de esfuerzo y trabajo que tiene sus orígenes en 1910 cuando don David Gaddi y María Ángela Solari inauguran el “Restaurant, posada y cancha de pelota paleta XX de Septiembre”, en homenaje a la fiesta de su tierra.
Este mismo lugar es adquirido en 1925 por don Alfino Di Yorio y su esposa doña Juana Basiglio, quienes junto a sus hijos: Alfredo, Aurora, Rosita, Angelita, Juanita, Atilio y Alberto (Titin), supieron darle una impronta de crecimiento que se fue adaptando a las demandas de un pueblo que ya se perfilaba pujante.
Tan fuerte legado fue comprendido y proyectado por sus nietos Alberto y Alfredo quienes hoy, junto a sus familias, siguen brindando a Los Cardales una excelente calidad de servicios, sin olvidar las profundas raíces que atesoran los innumerables objetos que engalanan los mostradores y las paredes de esta querida casa, junto a sus vividos recuerdos que ellos evocan con calidez y orgullo.
Un ejemplo de perseverancia y sensibilidad que todos valoramos profundamente como parte de nuestra historia local.
Luis Julio Salom. |
Queridos amigos
les mando un modesto ensayo, escrito por un admirador agradecido de
tanta bondad y belleza.
Le mando dos versiones, una en este texto y otra como documento.
Espero que les guste, es poco pero a mi me dice mucho
Un abrazo de Antonio
De Pietrabondante a Los Cardales: La historia de los Di Yorio y su Bar
Pietrabondante es un pequeño poblado de la región de Molise, a unos
100 Km de Roma instalado en un peñón que conserva magníficas ruinas de
un templo y de un teatro romano. Los Cardales es un pueblo del
partido de Exaltación de la Cruz en la Provincia de Buenos Aires, a
unos 70 Km de Buenos Aires. El contraste entre ambos merece una
reflexión sobre el extenso arco que han recorrido los inmigrantes
italianos que se afincaron en nuestras tierras. Uno a 800 m de altura
entre grandes peñascos que son testigos de una historia milenaria,
otro en la tierra fecunda y joven de la pampa criolla ¡Cuántos sueños,
cuantas esperanzas construyeron ese puente que aún perdura a través de
las generaciones!
El árbol de las generaciones
Esta historia comienza con la llegada de Crispino Di Yorio y su mujer
Carmen di Batista desde Pietrabondante a la Argentina a fines del
siglo XIX. Su hijo Alfino nació en 1891 y se casó con Juana Basiglio,
también hija de inmigrantes italianos, José Basiglio y Angela
Nogliatti, nacida en Exaltación de la Cruz. Ambas familias tenían
campos en la zona. Ese matrimonio fue fecundo y tuvo muchos hijos,
Alfredo, Aurora, Rosita, Angelita, Juanita y Atilio. En 1925 se
trasladan a Los Cardales y fundan la Fonda-Bar Di Yorio en la esquina
de Rivadavia y 25 de Mayo. Allí nace Alberto (Titín) su último hijo
que se casará con Margarita Domínguez y forman un hogar con dos hijos,
Alberto y Alfredo, que hoy son los que dirigen el Bar, casados el
primero con Andrea Besso y el segundo con Deby Domínguez, cada uno con
tres hijos. Cinco generaciones ligadas a la historia de Los Cardales.
Algo poco común, un ejemplo de fidelidad.
Del arcón de los inmigrantes a Los Cardales Net
Esa fidelidad profunda es la que ha conservado con cariño el arcón de
inmigrante que trajeron los bisabuelos de Alberto y de Alfredo, que
fue expuesto en el Bar en 2002 en el centenario de la Fundación de Los
Cardales, con las llaves originales de la casa y muchos recuerdos y
documentos. Pero lo que más llama la atención es que la familia Di
Yorio ha conservado objetos que marcan el progreso de la Argentina en
esos años, de la heladera a hielo hasta la primera que funcionara con
electricidad, el primer televisor Sylvania en 1952, que por mucho
tiempo fue el único en el pueblo y se convirtió en un punto de
atracción muy especial. También el primer teléfono público se instaló
allí. Ahora con una computadora portátil se puede ingresar a Internet
y consultar las noticias de Los Cardales Net… que nos habla del Bar Di
Yorio. Y como recuerdo del pueblo natal los Di Yorio crearon además
una galería comercial con el nombre de Pietrabondante. Todo vuelve
transformado en la memoria de los hombres que no pierden sus raíces.
De la Fonda a la cancha de paleta y el fútbol
Cuando Alfino Di Yorio creó la Fonda-Bar, daba alojamiento y comida a
los que pasaban por el pueblo, les brindaba un corral para soltar a
los animales. No había electricidad, la cocina era de leña y las
gallinas se criaban en el patio de atrás. Todo estaba a mano, la gente
era conocida y las puertas no se cerraban nunca. Atilio Di Yorio era
un gran deportista, fue varias veces campeón provincial en pelota
paleta y subcampeón nacional. Siguiendo esta pasión construyeron una
cancha de paleta aledaña al Bar, que en algunas ocasiones se llenó de
público para ver la televisión. Don Atilio era también un buen jugador
de fútbol y en el Bar se conserva la camiseta de Alfredo Distéfano que
jugaba en el Club Unión Progresista de Los Cardales ¡No es poco!
Política, música, literatura y más
En esas mesas junto a la ventana Juan B. Justo debió pasar muchas
horas, esperando el tren, que veía llegar a la estación que estaba
enfrente, conversando con amigos y discutiendo sobre las cosas
públicas, es decir sobre política. Más tarde también llegó la música
con Jorge Cafrune, que vivía cerca y se aparecía a caballo con su
guitarra cruzada a la espalda y su poncho. Y después la China Zorilla
que vino a filmar un segmento de una novela. Y muchos más que ahora no
se pierden el exquisito helado y la conversación tranquila en el Bar.
Siempre hay gente interesante.
La belleza del lugar
Los Di Yorio han ciertamente heredado el espíritu italiano en muchas
actitudes y en sus obras. La esquina del Bar familiar se ha
transformado, ya no es de tierra y no hay carreras de sortija. El
viejo ladrillo se ha retocado y pintado, a la maravillosa mesada de
zinc y la heladera de madera de Eslavonia, se le ha sumado una
modernísima heladería que hace las delicias de los clientes habituales
y de muchos que llegan de lejos los fines de semana. Los muebles tan
cuidados, las mesas y sillas, la luz y las ventanas altas, los
parroquianos, crean una atmósfera especial e inolvidable.
A la noche el movimiento es intenso, esa esquina tranquila cambia de
ritmo y se llena de gente. En los días de fiesta los desfiles, los
gauchos y los bomberos voluntarios pasan frente al Bar como las
legiones romanas lo hacían por Pietrabondante. Muchas veces recuerdo
al Bar Di Yorio, sus helados y su gente, cuando viajo por Italia, tan
lejos y tan cerca de Los Cardales, donde vivo y trabajo.
Antonio M. Battro
Miembro de la Academia Nacional de Educación
Marzo 2009 |
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LOS DI YORIO - NO SOLO SON
UNA PARTE DE LA HISTORIA CARDALENSE SINO QUE TAMBIEN MANTIENEN
INTACTA SU CALIDEZ Y SU CALIDAD
Es imposible
imaginar el pueblo de Los Cardales sin los Di Yorio, porque son
la esencia misma de la propia historia, porque en aquella década
del veinte lejos se estaba de imaginar que ese caserío habitado
por gente cuya nobleza y su empeño por trabajar arduamente iban
de la mano con sus sueños, llegaría a transformarse con el
tiempo en lo que hoy es nuestro pueblo.
Pero para que esto sucediera, para
que Los Cardales se erigiera y ocupe un lugar en la Provincia de
Buenos Aires, como uno de los lugares más promisorios y
pintorescos, debió contar con el esfuerzo, el trabajo y la unión
solidaria de gente como esta, que sentó las bases firmes,
sólidas que hoy las nuevas generaciones y los visitantes
ocasionales disfrutan.
Los Di Yorio no
son solamente comerciantes, son los hacedores de toda una
cultura, instalaron en la idiosincrasia de esta región, un
estilo, una impronta, una manera de ser y de sentir, aquella que
hoy caracteriza a nuestra gente, la amistad cierta, genuina, la
solidaridad hacia el que necesita y
fundamentalmente la
cultura del trabajo, la excelente atención del cliente, del
amigo, como una consigna de vida. Y ese respeto por sus
semejantes fue heredándose de generación en generación de manera
única e inalterable.
El éxito que hoy ostentan no es
producto de la casualidad, la palabra éxito va antes que
trabajo únicamente en el diccionario, ellos debieron ganar,
perdurar y, crecer con trabajo, con esfuerzo con dedicación, y
con ese gran amor por este pueblo.
Tanto es así que nadie ha podido
igualar, ni siquiera arrimarse a la calidad de sus productos,
hoy el helado que ellos comercializan superan ampliamente en
sabor y calidad todo lo conocido.
Ellos están y estarán siempre
prestando el mejor servicio, porque crecieron y vivieron
proporcionándoles a los cardalenses lo mejor, siempre lo mejor,
y el «colo» Alberto y Alfredo Di Yorio saben, aunque su modestia
no les permita reconocerlo, que lo mejor de todo son ellos
mismos. |
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Revista
El Cardalero - Raul O. Silva |
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